Tristeza e Indignación: Fuego en Paredones

Bajo en lo de Hilda y huele a humo. Es sábado y llego a Paredones, como tantas veces, como tantos sábados. Pero no es un sábado más, no traigo el equipo, no vengo a escalar, no voy a abrir ninguna ruta; vengo a ver que pasó con el incendio.

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El palmar del camping de Hilda ¡Quemado! – Foto: Hernán ortega

Ayer en la tarde, alrededor de las 14, una quema del basural de Capilla del Monte se descontroló y desencadenó un terrible incendio. Mas de veinte dotaciones de bomberos y tres aviones hidrates trabajaron muy duro durante toda la tarde, y durante la noche entera. El fuego fue demencial y las perdidas, brutales. El frente llegó a tener unos siete kilómetros de largo y la acción del viento, sumado a la sequía típica de fin de agosto, alimentaron el apetito de un fuego voraz. 

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El incendio en su momento crítico – Foto: La Voz del Interior.

Hoy por la tarde, con la ruta 38 ya habilitada, fui a ver que había pasado. Casi no dormí anoche, pensando, sufriendo, soñando cosas. Estoy triste e indignado, y movilizado ¿Con qué me voy a encontrar?

Ni bien llego descubro que el fuego se comió todo el campo que pudo encontrar. Se desplazó desde el basural hacia el río, cruzó al lado opuesto de la ruta, desde ahí se movió hacia el faldeo y se metió como una lengua hacia la ruta 17, en dirección a Los Terrones, Ongamira y Quebrada de la Luna. A su paso, castigó Paredones, con fuerza.

Lo primero que me llama la atención es la casa de Hilda, está sana, aún cuando hay rastros de fuego hasta escasos metros de sus bordes. Lo que sigue se me clava como una espina de algarrobo en el centro del pie: el palmar de atrás del asador, esa zona tan bella y armoniosa donde solemos poner las carpas, está todo negro. Rápido miro, como sorprendido, y me lleno de alegría al ver intacto el algarrobo; ese que nos cobija con su mesa de cemento y sus sombra majestuosa. Las Palmas son débiles ante el fuego y arden estruendosamente, pero por suerte tienen la capacidad de rebrotar rápidamente, igual que los pajonales. Sufro por los piquillines, las tuscas y los quebrachitos, que tardarán años en volver a poblar el monte.

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El paso del fuego contra las sierras – Foto: Hernán Ortega.

Igual, ésta es apenas una mirada rápida, lo que mas me interesa es ver a Hilda y saber cómo está. Tantos años de venir a Paredones, de invadir su patio y de charlar de la vida, de nuestro Cruz del Eje natal y de la hermosura de esas paredes; me da alegría ver que está bien. Ella me recibe como siempre, con esa cordialidad del campo; nos ponemos a charlar en el patio y voy tomando dimensión de cómo ha sido la tarde de ayer, la noche, de cuánto daño ha causado el fuego.

Después me voy para dentro, quiero saber cómo están los sectores, qué está pasando. Apenas empiezo a caminar me doy cuenta que el fuego ha llegado, pero por suerte no ha sido intenso. Sobre el sendero están quemados algunos pajonales. La casa de Javier, ahí a poco andar desde el puente, se ha salvado de milagro; el fuego se comió todo hacia atrás y hacia arriba, viniendo desde el basural y frenando a centímetros. Poco antes de llegar al primer sector viejo, ahí donde se cruza el río, el fuego ha podido bajar y se ha llevado algunos arboles. Pero por suerte el río es una barrera natural, y como el fuego parece haber llegado ahí con poca fuerza, no ha logrado cruzarlo. Las paredes también hacen las veces de barrera, y aunque hay muchos lugares donde el fuego ha saltado desde arriba, apenas si se han quemado un poco los pastos.

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El efecto del fuego en el sendero – Foto: Hernán Ortega.

La pared clásica, donde está Empotradictos, se encuentra intacta, apenas alguna llamita ya extinta a pie de vía. Sigo. La casita del fondo, justo antes de la union de los ríos, está como siempre, junto con el hermoso bosque que la rodea. Del otro lado del río: nada. Deduzco que hacia el Pantano tampoco ha podido ir el fuego y entonces me voy hacia el otro lado. El Bosquecito está bien, pero hay fuego arriba de la primera pared de Dos Mas Dos, no parece preocupante, pero arde y hay mucho humo. Entonces veo llegar a los bomberos por el río, vienen desde la zona de la Ollita. Por un rato me pongo a ayudarlos, a tratar de llegar a las cadenas de Dos Mas Dos, que es justo donde está ardiendo, me prestan un chicote y le metemos. De repente pasa el avión hidrate y una refrescante lluvia nos moja la cara. “Así que así funciona esto” pienso. Rato después me voy mas allá: La Cañada está bien, aunque se ve algún chamusque hacia arriba. Mas allá ya no puedo ir. Sé que La Palma ha de estar bien, por estar cruzando el río. No sé que será de La Pared de los Offwidths, el sector mas cercano al basural, desde donde el fuego puede haber llegado con fuerza. 

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Bomberos trabajando en los sectores – Foto: Hernán Ortega.

Ese es el panorama. Por un lado me da tristeza, por la idiotes humana, por la perdida, por la belleza que se fue. Por otro lado me da un poco de alegría, esperaba encontrar todo totalmente destruido: los pie de vías, el río y su bosque, los senderos que caminamos, las paredes que escalamos. Por suerte no es tanto, en ese sector. La alegría se me evapora rápido, pienso en todo lo que se ha quemado y sufro.

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Fuego a la altura de las cadenas – Foto: Hernán Ortega.

Hace una semana exacta, en medio del finde largo, estábamos escalando en Paredones y casi no se podía respirar, el humo de la quema del basural nos cerraba la garganta. Charlamos sobre eso, una vez mas. Qué hace un basural a cielo abierto en medio de un lugar tan majestuoso, a metros de la ruta, en medio de los campos y de la gente, al lado del río al que contamina a diario, a merced del viento que lo extiende por kilómetros. El absurdo de la humanidad me llena de indignación en éstas horas ¿Irá alguien preso? ¿Caerá el intendente? Cerrarán algún día ese basural absurdo? ¿Lograremos alguna vez un tratamiento más responsable de la basura en estos confines sur del planeta? ¿Terminaremos algún día con tanto packaging y descartables que elevan el valor simbólico y la facilidad de consumo de las mercancías?

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Aun con el fuego controlado, continúa el trabajo de los aviones hidrantes. Foto: Hernán Ortega.

Son todas preguntas inocentes, son el hoy, cargadas de la tristeza de este momento. Para todas tengo la misma repuesta: la certeza de que nada de esto debió haber sucedido. Y mientras tanto nosotros qué. Nosotros escaladores. Nosotros sociedad. Nosotros humanos. Nosotros animales que habitamos el planeta.

Cuántos bichos habrán muerto ayer, junto a la devastación del bosque. Cuántos morirán hoy y mañana por la destrucción de su hábitat. Cuánto tardará en recuperarse todo. Cuándo volverá a verse igual de hermoso. Cuánta muerte más podremos sembrar.

Hoy no es un día lindo, hoy no hay motivación ni risa a pie de vía. Hoy me miro y me siento inútil. Hoy me duele y lo siento muy profundo: llegó la hora de endurecer la lucha.

Mas info acerca del incendio y sus pormenores:

El intendente de Capilla del Monte denuncia sabotaje.

Video del incendio en su momento más crítico.

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