Cuidemos Paredones

Para ver recomendaciones concretas de cómo cuidar “Paredones” click aquí.

¿Qué Implica Abrir Una Ruta?*

Acerca de la inmensa responsabilidad de alterar el medio

Iniciar una nueva Escuela de escalada es un acto, la mayoría de las veces, encarado sin mucha conciencia; conciencia de qué es lo que se está haciendo, ni de las consecuencias que esto va a tener. En los lugares en que la escalada moderna comenzó unos 25 años antes que acá se cometieron todo tipo de errores, de los que nos cabe aprender (tallados de la roca, sicado de tomas, tomas de resina pegadas en la pared, etcétera). Sin embargo, estos lugares evolucionaron y hoy en día toman a la escalada y el desarrollo de sectores con la seriedad que se merecen: planifican las aperturas, el material que se utiliza, los requipamientos; tienen en cuenta el equilibrio del medioambiente en que se encuentra cada pared, se restringen épocas por nidificación de aves, se regulan las zonas de campamento y muchas otras acciones de planificación que intentan dejar los menos resultados posibles librados al azar. Esta tarea recae en las federaciones locales y nacionales de escalada; un buen ejemplo es el trabajo de las federaciones Francesa y Española, que incluso pagan dinero a los aperturistas para que la escalada se continúe desarrollando. Por éste lado del mundo estamos todavía muy lejos de eso, pero no es más que ponerse a trabajar y a pensar con otra conciencia. Aún así, la escalada en roca en Capilla del Monte ha sido foco de algunas discusiones, que han girado en torno a decidir cómo se puede y cómo no se puede abrir una ruta. 

Un Poco de Historia

La escalada moderna en Capilla del Monte comenzó a mediados de los 90, en esa época se abrieron las primeras rutas deportivas en “Mogotes” y el potencial de la roca entusiasmaba a los aperturistas para iniciar una nueva Escuela en nuestra provincia. Sin embargo, una ordenanza municipal prohibió la colocación de anclajes fijos y esas ganas de hacer se diluyeron. Tiempo después, ya en éste nuevo milenio, la creación del GECU, junto al constante crecimiento de la comunidad escaladora cordobesa, tornaron inevitable lo por demás obvio: allí estaba la piedra, plagada de excelentes líneas, que esperaban para ser escaladas; había que abrirlas. Fueron épocas de discusiones acaloradas, en las que no faltó algún relevo robado ni algún parabolt martillado. La discusión, sin embargo, se había quedado en el detalle y no había avanzado hacia lo grueso: pelear por si se podían o no se podían poner anclajes fijos era mínimo en relación a la verdadera problemática que la actividad plantea a nivel ecológico. Además no tenía mucho sentido, pues no se habían colocado bolts en las fisuras, ni se estaba haciendo nada diferente a lo que ya se hacía en el mundo, desde treinta años antes, con el advenimiento del rotpunkt y la escalada moderna.

Para el año 2008 el GECU ya había publicado la primera guía de escalada que reseñaba unas 200 vías, entre los bloques de “Rokamola”; “Mogotes”, donde la escalada deportiva había dado su primer gran salto de crecimiento y “Paredones”, dónde se seguía escalando sólo en estilo tradicional y apenas si se habían colocado algunos descuelgues a las fisuras monolargo. Lo que siguió fue el crecimiento de Capilla del Monte como lugar de escalada y la llegada de escaladores de todos lados que de a poco se iban enterando y animando. Esto hizo que lentamente fuera cambiando la mentalidad de la gente del pueblo y que los escaladores modernos empezaran a ser mejor vistos ¿Por qué estaría mal escalar y abrir rutas con anclajes fijos en un lugar tan adecuado para hacerlo? Lo que siguió fue un largo y silencioso trabajo para cambiar la ordenanza municipal; para terminar con la prohibición, pero sobre todo para regular, pensar y repensar el marco en que la actividad es posible y sustentable. Este trabajo se lo cargó al hombro el GECU, en la figura de Damian Zanotti, quien se pasó años golpeando puertas y visitando escritorios, hasta que por fin, el 8 de agosto de 2013, se sancionó la Ordenanza Municipal 2516/13 que, ante todo, declara la escalada “de interés municipal” y permite y regula la colocación de anclajes fijos, al tiempo que alienta a los propietarios y concesionarios de lugares donde la escalada sea posible a adherir a la ordenanza, permitiendo así el desarrollo de la actividad. Fue éste, sin dudas, un hecho fundacional: la escalada moderna dejó de estar proscripta. Ahora se puede abrir sin problemas, mientras se hagan las cosas bien.

Así le llegó el turno a Paredones: ¡Tantas líneas hermosas que esperaban para ser abiertas, tantas paredes nuevas con escalada increíble! Los pocos años que han pasado han sido muy buenos en muchos sentidos, no sólo por las aperturas, sino también por la revalorización de “Paredones” como escuela de escalada y, sobre todo, por la oportunidad de pensar y actuar en pos de generar un desarrollo sustentable que nos deje, junto a la felicidad de la escalada, la tranquilidad y la enseñanza de que abrir y escalar en armonía con el medio es posible.

Para leer completa la Ordenanza 2516/13 Click aquí.

Y Ahora ¿Qué hacemos?

Partamos de lo siguiente: abrir una línea de escalada, en cualquier estilo que esto se haga, implica una inevitable transformación del medio, de la cual somos responsables todos: los aperturistas, en primera instancia, pues decidimos dónde, cómo y por qué alterar una porción de pared para que pueda ser escalada; y la comunidad escaladora en su totalidad, pues nos cabe la responsabilidad del respeto por el medio en que la escalada ocurre. Todos de acuerdo. Entonces (y hablo aquí de la escalada toda, no sólo de Paredones): ¿Por qué seguimos viendo basura, papel higiénico, por qué se siguen pisando más y más senderos, por qué se cortan alambrados, por qué se sigue acampando a pie de vía, por qué se siguen abriendo rutas sin criterio y taladrando sin pensar y por qué otro montón de cosas que es tan obvio y de sentido común que no deben hacerse? ¿O es que tenían razón los que no querían anclajes fijos?

Escalar es una actividad hermosa y eso no puede desconocerse, una expresión de vida elevada a dimensiones cósmicas, algo que nos motiva a ser mejores personas. Como tal, es algo más que necesitamos como especie; y para poder escalar hay que abrir vías y desarrollar sectores. Ahora bien, al abrir una ruta nos ponemos ante una responsabilidad mucho más grande de lo que usualmente nos damos cuenta. El sólo hecho de “limpiar”  implica la inevitable destrucción de una porción de vida. No es fácil encara esta tarea. Sufrimos si tenemos que sacar algún clavel del aire, aún sabiendo que es una especie endémica; a veces nos toca descolgar una chagua y plantarla en otro lado, pero preferiríamos que siguiera en su lugar; hacemos un hueco por cada parabolt que ponemos y es como si nos pincháramos una espina… Son muchos los dilemas que se nos plantean, la vida como especie es así: no podemos evitar transformar el mundo ni llevar el impacto de las actividades que vivir implican a “cero”, simplemente no es posible. Pero eso no debe cegarnos, ni transformarse en la excusa perfecta para avasallar con todo a nuestro paso ¿Qué deberíamos hacer entonces? ¿No abrir? ¿Dejar todo como está?

La humanidad ha llegado hasta dónde hoy está movida por su gran espíritu de evolución y unas ganas terribles de hacer ¿Cómo podríamos ir en contra de esto? Hoy nos toca seguir abriendo rutas, seguir reconociendo esos lugares en que las posibilidades de grandes y hermosas escaladas pueden ir de la mano con un adecuado cuidado del medio  que genere un desarrollo absolutamente sustentable. Debemos evolucionar y dejar de hacer las cosas a como van saliendo y pensar en cómo hacerlas correctamente, porque sí, es posible: empezar a pensar el medio como lo hacían nuestros ancestros, reconocer y asumir que el entorno es nuestra Pachamama y relacionarnos con amor y respeto. Esto incluye aprender, enseñar, difundir, discutir, cambiar, trabajar y bajar el copete…

Entonces, si vamos a abrir y a escalar, es necesario que entendamos que el hecho de que una pared sea alta, firme y majestuosa no alcanza para decidir que allí es buen lugar para escalar, es necesario pensar antes en el entorno, en el equilibrio del ambiente, en la huella que el afluente de escaladores va a dejar en el lugar, una huella que, seamos sinceros, casi siempre es más gruesa de lo que debería ser. Es importante que en nuestro fanatismo entendamos que hay cosas más importantes que escalar “bien” o abrir “buenas rutas” y que nos hagamos cargo de que cada nueva vía o nuevo sector es de todos y no sólo de los escaladores locales o de los aperturistas que hicieron el trabajo.

Todo esto que aquí escribo es simplemente un resume de las muchas charlas que venimos teniendo en el último tiempo, y que son motivadas por el trabajo que entre todos estamos haciendo. Ya entendimos que un anclaje fijo no es el demonio, y eso nos abrió todo un panorama nuevo. Ahora, lo mejor que podemos hacer es ejercer esa libertad con responsabilidad y respeto. Es por ello que nos la pasamos discutiendo, de manera informal, pero con las ganas de hacer algo bueno y devolverle de alguna manera a esta actividad toda la felicidad y enseñanza de vida que nos deja día a día.

Estado de Situación

En un primer momento, cuando se abrieron las primeras rutas deportivas en Paredones, seguramente no se haya pensado mucho, estaba el entusiasmo por hacerlo, por escalar, y no mucho más. Sin embargo, al ver que el afluente de escaladores crece al ritmo de las vías y sectores, y sobre todo al ver que el lugar va cambiando con nuestro accionar, hemos empezado a tomar conciencia, a investigar y a preguntar a los que más saben. Podemos decir entonces que el estado de situación es el siguiente:

Hemos sobrepasado ya, largamente, las cincuenta rutas; se han abierto varios sectores, aunque en una porción territorial bastante acotada. Las aperturas no han dañado de sobremanera a la roca, pues se trata de paredes muy solidas y no hemos debido tirar grandes bloques ni cambiar su fisionomía. En cuanto a la vegetación a pie de vía, no hemos cortado árboles y no hemos ido de ninguna manera más allá de pisar algunos yuyos o de caminar los senderos que ya existían con anterioridad (no olvidar que Paredones es, antes que un lugar de escalada, un paseo turístico). La vegetación que las paredes presentan es en un 95% claveles del aire, es cierto que hay que removerlos para que la pared quede apta para la escalada, pero debemos tener en cuenta que las paredes que se escalan, en relación a la cantidad que hay en la zona, es mínima, por tanto, no hemos retirado proporcionalmente una gran cantidad de claveles y no hemos afectado demasiado la visual típica del lugar, ni mucho menos hemos puesto en riesgo una especie que es endémica y se reproduce a por mayores en toda la zona. Justamente, que los sectores de escalada se encuentren muy concentrados es bueno a la hora de pensar un impacto mínimo en el ecosistema. En cuanto a la contaminación visual, es, quizás,  con lo que más hemos afectado al lugar. Las chapas se ven desde abajo y no son parte de la roca; pero, al menos tienen una buena razón de ser: escalar con seguridad. También hay en el lugar otros tipos de contaminación visual presentes, más perniciosos y sin sentido, que no nos pertenecen a los escaladores, como son las pintadas en la piedra o la basura pesada que el río arrastra desde la absurda ubicación del basural de Capilla del Monte. No es para pensar que “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero tampoco estamos poniendo chapas en un lugar inmaculado. La contaminación sonora en el cañón ha sido mínima y podemos decir que no ha ido mucho más allá del sonido de algún taladro funcionando un fin de semana cada tanto. No se han planteado tampoco lugares de acampe hacia el interior de “Paredones” y se ha alentado a pernoctar en las afueras, contribuyendo además a las economías de los lugareños, que han encontrado en los escaladores una fuente de ingresos necesaria e inesperada.

Aún así, y asumiendo que no hemos causado un gran impacto, el equilibrio del bosque nativo en que Paredones se encuentra enclavado (del que sólo queda el 3% del total en la provincia de Córdoba), nos obliga a tomar conciencia de que nos movemos en un ambiente sumamente frágil. Esto es lo que más nos preocupa hoy en día, y es, sin dudas, el eje por el que debe pasar una discusión seria y la planificación responsable de lo que haremos a futuro.

Mirar hacia Adelante

En este contexto, cada vez que abrimos una ruta asumimos una responsabilidad única y muy placentera: intentar que cada vía nos diga, con su personalidad y sus formas, cuál es su recorrido más natural y su manera de equiparla. La vía no la inventa el aperturista, la línea está ahí, existe por sí sola, y es nuestra responsabilidad leerla y respetarla. Hoy, superadas las cincuenta rutas, nos ha llegado el momento de discusiones más complejas que básicamente van en dos sentidos:

El primero tiene que ver con las posibilidades de continuar con las aperturas y la necesidad de encontrar el equilibrio y saber reconocer claramente cuándo un sector ya está terminado y evitar así sobre equiparlo. Además, al margen de esa zona de buena concentración que Paredones ofrece hoy en día, es posible seguir encontrando paredes y comenzar a abrir rutas en otros sectores. En relación a esto debemos charlar mucho de aquí en adelante.

El segundo sentido es más complejo, y tiene que ver con que, al ritmo de las aperturas, cada vez más escaladores han ido llegando a Paredones ¡Simplemente el lugar está buenísimo! Entonces tuvimos la necesidad de hacer unos topos, de reseñar las vías, los encadenamientos y así surgió la idea de hacer esta página. Al fin y al cabo, nadie abre rutas para que no sean escaladas, ni tampoco es posible pensar que, hoy en día, los escaladores no vayan a enterarse y no vayan a ir allí donde por fin hay vías nuevas. Aun así, ni bien comenzado el armado de los topos surgieron las discusiones más profundas: ¿Será que es bueno abrir así el juego o cuidaríamos más del lugar si intentamos que venga menos gente? ¿Hacemos que Paredones se conozca o lo mantenemos lo más canuto posible? ¿Publicamos los topos o los guardamos bajo llave? Al fin y al cabo, abrir una vía implica no sólo una responsabilidad primaria, que tiene que ver con dónde y cómo se hace, sino también una responsabilidad secundaria, que es quizás más importante, y tiene que ver con la concentración de escaladores y sus practicas de todos los días.

Puede parecer que estas discusiones giran en torno al egoísmo, pero las preguntas no salieron de la nada: a medida que más escaladores fueron llegando a Paredones, empezamos a ver papel higiénico por los sectores, el aplastamiento de algunos cactus que podía ser evitado, cierta desorganización en cuanto a los senderos, demasiado ruido y falta de respeto en los campamentos, fuegos desmedidos (aun en los asadores) durante los días de viento… ¿Será que no estamos preparados para convivir con el verdadero “afuera”?

Ciertamente no hay una repuesta para esto. Pero como cambiar el mundo implica alguna que otra utopía, quien mas quien menos, todos hemos opinado que es esta una buena oportunidad para ver cuánto le podemos dar la vuelta a la tortilla. Y desde este punto de partida es que nos hemos decidido a utilizar nuestro trabajo para convocar, para crecer, para aprender, para educar y educarnos. Vamos a creer que mejorar es posible y no vamos a guardarnos nada. Y vamos a usar ésta plataforma en pos de mejorar nuestras prácticas como escaladores, en pos de tomar conciencia de que la escalada no se termina en ese crux que nos quita el sueño, sino que nos acompaña cuando vamos al baño, cuando vaciamos el mate, cuando caminamos por los senderos, cuando limpiamos una fisura o colocamos una chapa, cuando hacemos un asado y cuando nos tomamos un vino en el campamento. Hay mucho trabajo que hacer, y nos toca a todos ¡Vamos a ver qué tan buenos escaladores finalmente somos! –

*Por Hernán Ortega – Escalador, aperturista, editor de ésta página.

 

Pero como no todo es bla, bla, bla; aquí va un artículo escrito por una especialista, en el cual situamos a Paredones en su ambiente específico, hablamos de sus problemáticas puntuales y dejamos unas cuantas recomendaciones que sería bueno leer con humildad y pasar a la practica a pura conciencia: 

 

Repensando nuestra huella*

De más está decir que el escalador es un bicho que se siente atraído no sólo por la roca que la naturaleza ofrece en su diversidad de formas y colores, sino por todo el contexto que rodea y contiene a las mismas. Nuestra actividad nos acerca a la naturaleza de manera genuina y nos permite conocer todo tipo de ecosistemas en cualquier parte de este planeta. No estaría de más pensar entonces que si se quiere lo que se conoce, y se cuida lo que se quiere, debería de existir en nosotros el deseo de proteger y preservar los paisajes donde escalamos en su estado natural. 

Actualmente los ecosistemas boscosos de la provincia de Córdoba se encuentran en una situación crítica. Los cambios en el uso de la tierra asociados a la agricultura, al sobre uso ganadero-forestal y al avance de la frontera inmobiliaria han ido transformando el paisaje dejando solo un 3% de superficie de bosque nativo, que se encuentra en distintos estados de degradación. Como consecuencia de la pérdida y degradación de los bosques no sólo se genera pérdida de biodiversidad sino también una disminución en la provisión de bienes y servicios ecosistémicos, y un aumento de la vulnerabilidad a eventos extremos (ejemplo: sequías o inundaciones).

“Paredones” está ubicado en una ecorregión denominada “Chaco Serrano” y está conformado principalmente por parches de bosque serrano, que al igual que el resto de los bosques de Sierras Chicas han sufrido una reducción abrupta en los últimos 10 años.  En esta zona en particular, la perdida y degradación del bosque se debe tanto a la falta de ordenamiento territorial, planificación urbana y gestión de recursos, como también a incendios ocasionados por el hombre. 

En el marco de esta problemática, surge el debate sobre el impacto que tienen las actividades deportivas o recreativas en el medio natural, a partir de la presencia cada vez mayor de montañistas, escaladores, senderistas, o simples turistas. En este sentido, cabe destacar el importante crecimiento de la comunidad escaladora cordobesa, y la importante recurrencia que empezó a tener “Paredones” en el último tiempo. Esto no es más que un cambio inevitable para nuestra actividad, y es por eso que debemos ser muy conscientes y entender la responsabilidad que implica la libertad de poder escalar en los ambientes cordobeses. 

El impacto que genera nuestra práctica en los ambientes naturales es innegable. Existen diversos estudios que evidencian la huella que genera nuestra actividad en el medio ambiente. Por ejemplo, se han registrado desplazamientos de aves rapaces nidificantes y otras especies que ocupan acantilados como parte de su hábitat. También es evidente que al equipar y “limpiar” una ruta la mayoría de las especies vegetales presentes en las caras de las paredes son removidas. Estas especies, que incluyen una variedad de líquenes, gramíneas, hierbas, arbustos, cactáceas y árboles, tienen muy pocas posibilidades de recuperación debido a la posterior y constante erosión generada por los escaladores. Trabajos de distintos grupos de investigación, por ejemplo, demuestran que también en la base de las paredes la riqueza y densidad de especies vegetales es menor en zonas más escaladas. Cabe mencionar también como se refleja cada vez más nuestra huella en la creciente acumulación y densidad de residuos que han comenzado a poblar los sectores de escalada y sus alrededores. 

Por lo que resulta imprescindible repensar nuestro impacto, y comenzar a desarrollar nuestra práctica deportiva de manera sustentable favoreciendo la conservación de los espacios naturales. Tal como se indica en el artículo 10 de la Carta Europea del Deporte, de 15 de mayo de 1992: “La sustentabilidad en el ámbito deportivo es: garantizar y mejorar el bienestar físico, social y mental de la gente de una generación a la siguiente, y requiere que las actividades deportivas, incluyendo zonas urbanas, rurales y marítimas, se adapten a los recursos limitados del planeta y se lleven a cabo conforme a los principios de desarrollo sostenido y administración del medio ambiente”.

Existen, en la mayoría de los países del mundo, comunidades de escaladores activos en el cuidado y conservación de los ambientes de escalada. Ya sea a través de proyectos de acceso y conservación, como acciones de difusión y educación que competen a la práctica sustentable de la escalada y el montañismo. 

Es por eso que, como miembros de esta comunidad de escaladores de Córdoba, comprometidos y problematizados con la importancia que tiene la preservación y el cuidado de los frágiles ecosistemas cordobeses, sugerimos, junto a la página paredones.org una serie de recomendaciones que nos permitan y ayuden a movernos en la montaña de una manera amigable y respetuosa. Urgiendo así también la necesidad de establecer un consenso y dialogo con el resto de la comunidad, para generar una mayor conciencia y acción que permita que todos podamos seguir disfrutando y aprendiendo lo que los ecosistemas cordobeses nos ofrecen. –

* Por Angelina Di Prinzzio – Escaladora, Bióloga, becaria del CONICET, actualmente cursando un doctorado en “Restauración, Manejo y Conservación de Bosque Nativo”.

Recomendaciones

Si vas al baño:

  1. Alejáte del sector o camino, y de los cursos de agua. Hacé un pozo de mínimo 15 centímetros para enterrar tu caca bajo tierra.
  2. Si usás papel higiénico, toallitas, tampones; colocalos en una bolsa y tiralos en tu casa. No los entierres, ni los quemes. 

Si tenés residuos orgánicos / no orgánicos:

  1. Colocalos en una bolsa y tiralos en tu compost o en la basura de tu casa.
  2. No dejes la basura en los campamentos, aún si hay tachos habilitados para eso; no pasa el camión de residuos.

Senderos:

  1. Transitá por los senderos abiertos y señalados con apachetas.
  2. Evitá transitar por espacios dónde no hay senderos marcados y la vegetación es tupida.
  3. No abras más senderos de los que ya existen, aún si te parece que sería mejor ir por otro lado.
  4. Para cruzar los arroyos, utilizá las piedras que ya existen y son evidentes. 

Música y ruido:

  1. No grites innecesaria o desmedidamente a pie de vía, mientras escalás o caminás. Recordá que estás en el bosque.
  2. No pongas música a pie de vía, puede que los demás escaladores quieran disfrutar de los sonidos típicos del lugar.

Fuego:

  1. No hay absolutamente ninguna razón por la que puedas hacer fuego en las zonas de escalada, ni siquiera para quemar tu papel higiénico. Recordá que estás en medio de un ambiente sumamente frágil y que el fuego es una de las principales causas de su drástica reducción.

Cuando estés en el campamento:

  1. Recordá que estás en el patio de algún vecino del lugar, sé respetuoso de su presencia y sus costumbres. Recordá que en el campo la gente se va a la cama temprano, respetá los horarios de silencio y descanso. No abuses de su hospitalidad y, sobre todo, no intentes evitar pagarles el escaso dinero que van a cobrarte.
  2. No grites, ni pongas la música fuerte, ni cantes o toques instrumentos a altos volúmenes. Recordá que no vas a ser el único en el lugar y, aún si así fuera, siempre serás un huésped de los lugareños ¡Respeto!
  3. Si vas a lavar tus utensilios de cocina, no lo hagas directamente en el río, sacá agua y alejáte unos cuantos metros.
  4. La misma recomendación corre para tu higiene personal, sobre todo para lavar tus dientes, tu cabello o si necesitás darte una ducha: agua en algún recipiente y lejos del río.
  5. No deberías hacer fuego, tampoco en el campamento. Pero si tu asadito no puede esperar a volver a casa, hacé el fuego sólo en los asadores y tené mucho cuidado de que sea medido y de que nunca se quede solo. Recordá que estás en un ambiente sumamente amenazado y que el viento, junto a cualquier chispa, pueden desatar un incendio.

Si querés abrir una ruta o empezar un nuevo sector:

  1. Consultá con los escaladores y aperturistas locales, son ellos los que están al tanto de la planificación del lugar y de los detalles en cuanto a ética y estilo que hacen a la igualdad de criterio.
  2. No abras allí donde las paredes ya tienen todas sus vías abiertas, no intentes líneas forzadas ni conexiones sin sentido. Cada línea tiene su personalidad propia y hay mucha roca en dónde abrir rutas nuevas.
  3. No abras una ruta si no vale la pena. Si no es muy estética, si la roca no es buena, si está muy sola dónde nadie va a ir a escalarla… Recordá que cada vez que abrís estás modificando el entorno.
  4. Antes de poner un bolt, estudiá a conciencia y ensayá todo. No olvides que se va a quedar allí para siempre.
  5. Priorízá siempre la seguridad de TODOS los escaladores. Tené en cuenta todo el rango de altura de las personas, no intentes ahorrar material y, sobre todo, no subestimes las rutas más fáciles equipándolas poco.
  6. Y lo más importante: una línea existe por sí sola, antes que el aperturista la reconozca. Si vas a abrirla hacé bien el trabajo: seguí el recorrido natural sin forzarlo, limpiá la ruta con criterio y conciencia, ensayala suficientemente y colocá los anclajes necesarios para que sea segura (ni de menos, ni de más). No olvides que una vez abierta, ya nadie podrá tocarla.

Estas son sólo algunas pocas recomendaciones. Recordá que lo más importante es el sentido común: cuando estés en el monte dejá atrás la vida urbana, simplemente ¡No estás en la ciudad!

Te invitamos a que te sumes a esta propuesta de sectores limpios y libres de huella, participando del debate y de las actividades que proponemos desde paredones.org y Acceso PAN-AM. Una nueva conciencia está naciendo, y todos podemos ser parte del cambio.

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